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eNCuesta
06/06/2010 |
¿A estas alturas del año, haz logrado tus propósitos que deseaste cuando el año nuevo? |
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El Poder de la Presencia. - Columnas
¡GRACIAS POR OTRO DÍA INOLVIDABLE! Sin duda el poder de la presencia ¡es enorme! La belleza de la cercanía y de poder disfrutar compartir el alma y poder casi tocarla a través del milagro infinito de la mirada, no tiene manera de explicarse, por lo menos para mí, que no encuentro las palabras para describir el poder de este contactoy el ¡MARAVILLOSO EFECTO QUE TIENE! ¡POR SUPUESTO que estoy de acuerdo en que hay que hacerlo más seguido! Creo que entre nosotros es importante. ¿Te das cuenta de la infinidad de cosas que tenemos para comunicarnos?... y además ¡LO AGASAJANTE QUE RESULTA! Pero éste tipo de comunicación, tiene que fluir "por sí misma" y para esto se necesita que le demos tiempo. Sé que por lo mismo, "algo conspira" para que así sea y tengamos más oportunidades para que lo que tenemos que darnos, se dé. En verdad "algo" me dice que valore, ¡la maravilla que es que estemos juntos otra vez, compartiendo de nuevo la milagrosa experiencia de estar vivos y lo que ello significa en éstos tiempos! En la parte sibarita de todo esto -lo cual se nos da muy bien- quiero decirte lo mucho que disfruté todo lo compartido ayer. No hay duda que ¡la compañía lo realza todo!... en palabras del maestro Octavio Paz, "...el vino es vino, el pan vuelve a saber". Todo a tu lado -para mí- alcanza su justa dimensión. Realmente los sabores de todo lo de ayer fueron un verdadero agasajo ¡Gracias de verdad por haber hecho posible éste encuentro!". - L.C.
Lo anterior es un fragmento de un correo que recibí la semana pasada por haber ido a visitar a Querétaro a una amada amiga mía que me ha presentado la vida, una bella mujer, hermoso ser humano, en verdad especial para mi. Sus palabras me han inspirado para compartir contigo una de las más grandes verdades que bajo mi perspectiva debe tener una relación humana que sinceramente es importante para nosotros, el innegable y tremendamente trascendente “Poder de la Presencia”, ¡de la presencia física!
Hoy que han pasado los años y la vida me ha demostrado lo desafiante que es mantener una relación por tanto tiempo, encuentro lógico ese desafío que se sucede al momento de crecer y así incrementarse los compromisos sociales que a la vez limitan el tiempo para compartir con los seres que amamos. Un niño nunca confunde qué es lo importante con lo urgente. Esos temas empiezan a incumbirnos al entrar a la etapa de adulto joven. Un adolescente parece que tiene todo el tiempo del mundo para compartir toda la tarde de todos los días con sus amigos o con su novia. Recuerdo perfectamente esto como si fuera ayer. Pero con el tiempo, las personas que uno conoce se van multiplicando. Eso nos pasa a todos. El ingresar a la comunidad productiva de la sociedad y enredarse en el torbellino de la economía, los compromisos laborales demandan tiempo celosamente, mismo tiempo que resulta menester restarlo del que teníamos en abundancia durante nuestra adolescencia o niñez y que lo usábamos para estar presentes con nuestros amigos o con esa persona tan significativa para nosotros.
Hoy en día parece increíble que no podamos ver a todas las personas que realmente queremos, y de esa forma es que necesitamos empezar a manejarnos por prioridades. Sí, hay prioridades sin duda. Varios psicólogos han llamado “círculos de intimidad” donde existen diferentes grados de relación con las personas que conocemos y las vamos colocando en diferentes círculos concéntricos donde precisamente en el centro nos encontramos nosotros. Así, las más cercanas, las del círculo inmediato, son a las que más tiempo y presencia les dedicamos, mientras que las que se encuentran en el círculo más alejado de nosotros, lógicamente son a las que menos. El ir colocando a las personas en un círculo o en otro, luego de uno lejano a uno más cercano o viceversa, dependerá de nuestra jerarquía de valores de relación. Sin duda, consciente o inconscientemente, vamos moviendo a las personas de un círculo a otro a lo largo de la vida. Incluso, algunos nuevos llegan y otros quizá desaparezcan. Esos movimientos que hacemos dependen mucho de “el trato” que recibamos de la gente. Por supuesto que también depende de los intereses creados en determinada relación, de la afinidad de gustos, de cierta atracción física y/o intelectual y/o emocional. En verdad es un arte mover a las personas en nuestros círculos de intimidad. Y se complica más interesantemente cuando recordamos que nosotros también pertenecemos a determinados círculos de intimidad de las otras personas. Tengo la idea de que una hermosa relación es cuando co-inciden las mismas jerarquías que uno le confiere al otro y así, sin esfuerzo ni presiones de ningún tipo, se sienten perfectamente bien, disfrutando tanto del poder de la presencia. Esta es mi idea de pareja ideal.
Claro que podemos querer mucho a alguien y llegar a decir “...no es tan indispensable verse diario o constantemente”. He escuchado a amigos decir: “...no es necesario ver a alguien todos los días o tan seguido para que sienta que le quiero, además, hoy en día hay una enorme cantidad de opciones que la tecnología nos brinda para poder mantener el contacto con nuestros seres queridos, hay postales electrónicas, teléfono, correo electrónico, video conferencias, y hasta lo útil del correo convencional”. Sí. Estoy de acuerdo en que todo eso existe. Estoy de acuerdo en que todo eso es útil. Pero absolutamente nada de esto se compara con el poder de la presencia. Incluso, para mí, hasta se desvanecen. Enviarle una postal o un correo a alguien es una muestra de amor firme pero distante. De esto no tengo duda, siempre lo he sentido cada vez que recibo una carta (y vaya que si recibo varias). Por supuesto que percibo el afecto de quien me envía alguna carta, postal o correo electrónico, pero al mismo tiempo lo siento tan distante que solo me queda regocijarme en el recuerdo, entrando a ese hermoso mundo espiritual donde no hay espacio ni tiempo y donde se goza con el simple y poderoso hecho de pensar en alguien. Pero hoy, en esta columna quiero hacer énfasis en la otra dimensión, la física del humano. Esta sublime dimensión desde donde incluso hoy estoy escribiendo usando mis dedos y tú lees usando tus ojos. Es maravilloso darse el lujo de disfrutar del físico de otra persona. Y no, no solo hablo de una exquisita relación sexual que basta por sí misma para manifestar su grandeza, sino de tener verdaderamente cerca el cuerpo de otra persona para poder experimentar el apasionante arte de una verdadera conversación, para mirarse el uno al otro y al mismo tiempo, para tocarse en la poderosísima manifestación de una palmada o de estrecharse las manos, o para escuchar juntos las risas y carcajadas que se suceden en los cuerpos de dos almas alegres; para apreciar la belleza que en los cuerpos se sucede al vibrar a una frecuencia tan alta en el amor que se procuran desde amigos hasta amantes; para oler el aroma de la otra persona, para ver sus colores y sus gustos en arreglarse para el encuentro, en disfrutar tan intensamente a través de nuestros cinco sentidos físicos la manifestación del poder de la presencia. Pienso que la oportunidad de disfrutarnos mediante este poder de la presencia es un regalo divino que se nos brindó al darnos la experiencia de ser humanos. Creo que aquí es donde nos podrían envidiar un poquito y sanamente los mismos ángeles. La experiencia humana vale la pena vivirse sin duda.
“Todo placer languidece
cuando no se disfruta en compañía”.
- David Hume
Historiador escocés.
Si hay algo que he gozado intensamente en mi vida es el poder platicar. ¡Dios mío, cómo disfruto esto! Recuerdo que desde niño desarrollé un talento especial para escuchar. Mis amigos, desde la primaria, siempre me buscaban para platicarme “sus cosas”. En la preparatoria alguien me dijo “Momo” (por la obra de Michael Ende del mismo nombre –si no sabes a qué me refiero, léela—). Todavía recuerdo cómo mis padres se molestaban conmigo por las horas que me pasaba en el teléfono conversando. Pero no, no las clásicas horas de un adolescente. En mi caso viví varias noches donde me amanecía conversando hasta con dolor de oído por la presión del auricular. Más adelante los pleitos de familia por mis llegadas tarde a altas horas de la noche. Y no, no era por irnos de juerga o de antros (esto nunca en mi vida me llamó la atención), sino por quedarnos platicando, ahora con el sublime poder de la presencia, alguna amistad y yo. En mi preparatoria tuve a un amigo muy fresa y carismático que siempre gozaba de salir los fines de semana con su novia y amigos a bailar. Era famoso en verdad por esto. Y recuerdo que cuando yo lo iba a ver, nos quedábamos sentados en la biblioteca de su casa sin movernos y solo conversando durante horas y horas, al grado que empezaba a sonar el teléfono para que ya pasara por su novia y los demás amigos e irse al plan que habían quedado. Muchas veces, frente a mi cara, canceló tajantemente estas salidas (con el consabido pleito al día siguiente con la novia y algunos de sus amigos) para continuar sin reparo la conversación que teníamos. Recuerdo estos momentos como uno de los más hermosos de mi pasado y ahora que lo estoy escribiendo, lo siento como si hubiera sido apenas ayer. De tanta agua que tomábamos solo nos levantábamos ocasionalmente para ir al baño y regresar lo más pronto al tema. Sus papás pasaban por fuera de las puertas de cristal de la biblioteca con relativa y discreta frecuencia como no creyendo que dos chavos, uno frente a otro con un escritorio en medio, pudieran estar ahí por tanto tiempo. Sus papás siempre me vieron como alguien raro... y es que ¿cómo era posible que su hijo de 17 años se quedara en promedio 9 horas ininterrumpidas platicando con otro joven igual?, sobre todo cuando los papás no podían platicar con su hijo más de 1 hora y forzada. Esto lo viví siempre. Mi propia familia no se explicaba de qué tanto hablaba. Luego, años más tarde, la vida me permitió conocer tantas cosas hermosas que me hice interesante. Una persona interesante tiene una conversación interesante. Esto aumentó el número de horas que disfruto de la presencia de alguien. Hoy en día cuento con la más grande dicha de quedarme en mi departamento platicando en promedio 7 horas prácticamente diarias con mi alma gemela. No hacemos absolutamente nada más que hablar. Quizá tomar agua cuando mucho. Muchas veces ni cenamos porque el hambre desaparece al satisfacernos tanto tan solo con platicar. Diario tenemos un interesante tema de conversación. Hoy sé que este ha sido uno de mis más grandes desafíos para poderme levantar temprano al día siguiente. Empezamos a platicar sentados en la sala a las 8 de la noche y solemos terminar entre 1 y 3 de la madrugada. Y es que si nuestra vida laboral no nos permite nuestra presencia física de día, pues ahí está la noche.
Las largas llamadas telefónicas claro que tienen su encanto y su clara manifestación de amor quizá, por lo menos en mi pasado, pero pierden toda magia cuando se les compara con la dicha estar en persona. Nada se compara con el poder de la presencia. Es tanta la fuerza que se brinda una persona a otra mediante ese poder. En la más reciente temporada de mi vida, he tenido acceso a un conocimiento que hasta hace unos años me hubiera parecido imposible de entender o aceptar. Hoy sé perfectamente que es verdad. Se trata de la medicina vibracional, de las frecuencias energéticas que todo y todos tenemos y de la influencia que una frecuencia tiene sobre otra. Este tema es en verdad apasionante. Todo tiene una frecuencia, todo está vibrando, lo podamos ver o no. Y dependiendo de esa frecuencia es nuestra salud, tanto física como mental. Hoy más que nunca recobra para mí una importancia capital el poder de la presencia. Cuando alguien se encuentra frente a otra persona, está en constante intercambio y flujo de energía (hoy perfectamente demostrable) con aquella persona. Y de ahí que..., incluso ya sin palabras (como ya también he aprendido a conversar) se intercambie tanta información y luz. Hoy juro que esto es posible. Cuando decidas transformarte en un ser de bien, tu presencia, tu sola –y poderosa— presencia resultará sanadora para muchos que te rodean. Hoy sé que así sucedía con Jesucristo. Según estudios que he realizado en los últimos dos años de mi vida, se calcula que un ser de tanta paz interior como Jesucristo, podía hacer que su pacificadora presencia se sintiera en poco más de 600 metros a la redonda. ¡¿Te imaginas sentir la presencia de alguien que está a más de medio kilómetro de ti?! Pues eso es posible. Se cree que la persona cercana a la presencia física de este gran Ser sentía una paz que le inundaba, y por supuesto que muchos sentían que “algo” los sanaba tan solo con su presencia. Muchos querían hablar con Él cuando lo vieran, y al verlo, se quedaban sin palabras. No había nada que decir. Su presencia era abrumadora para usar palabras. Solo se sentía y con ello era más que suficiente. Él no necesitaba hacer prácticamente nada. Solo su presencia ya sanaba a muchos. Actualmente, Su presencia rebasó el límite de lo físico, y por eso cuando Él dijo “...yo siempre estaré con ustedes”, se refería al máximo grado de la presencia, el superlativo del con, que es dentro. Para nuestra dimensión humana, hoy sé que es perfectamente posible para cualquiera de nosotros hacer uso del ese mismo poder que tuvo Jesús. No te digo que a esas distancias quizá, pero si a unos pocos metros. Me consta. Hoy en día existe una interesantísima ciencia llamada “Kinesiología” que he estudiado desde que llegó hace unos tres años a mí el libro “Power vs. Force” del Dr. David R. Hawkins. En esta ciencia queda irrefutablemente demostrado la relación que tiene la presencia de objetos, personas o pensamientos con nuestra fuerza muscular y estado de ánimo. Cuando conocí esto, lo primero que dije fue: ¡increíble! Los ejercicios que hizo el Dr. Hawkins y que yo he imitado y hecho también en algunas de mis conferencias y con familiares, amigos y pacientes, me han impresionado cuando al acercar un sobre de “Canderel” (endulzante artificial) al estómago de alguien, en ese momento su fuerza muscular en un brazo disminuye ostensiblemente (así es el ejercicio de ejemplo); y cuando acerco una fruta, en mi caso naranja o limón, al estómago de alguien, su fuerza muscular aumentaba. Bien, si esto pasa con objetos y hay una relación de energía y fuerza inmediata, imagínate qué pasa con la presencia de una persona. De ahí que mucha gente se sienta mal o débil tan solo en presencia de alguien cuya frecuencia es lenta (por emociones negativas). Hoy queda demostrado que la afectación energética es un hecho incontrovertible. Pero de la misma forma, cuando dos seres de luz se encuentran y comparten su presencia física..., juro que esto es una explosión de fuerza vital que fluye por ambos seres y se contagian los cercanos como ganancia secundaria. Lo que años antes se suponía meramente como posibilidad o con el débil apoyo de relativas evidencias, hoy se ha demostrado fehacientemente como una realidad físico-química muy palpable. El poder de la presencia es enorme. El poder de la presencia lo hemos experimentado todos en una u otra medida. ¿Recuerdas cuando te sentías mal y llegaba el doctor? Esa sensación de bienestar anticipado o ilusión por ver al doctor es el poder de la presencia. ¿Recuerdas cuando amas tanto a alguien y ese alguien llega y te ve a los ojos y te abraza? ¡Caray! Nada que decir, todo que sentir. ¿Recuerdas cuando viste de lejos a alguien a quien admiras y de repente tienes la oportunidad de verlo a menos de un metro de distancia? Aquí la gente llora sin saber porqué, hay una euforia inexplicable y las palabras se pierden ante el poder de la presencia tan cercana de alguien que admiramos tanto. La gente suele expresar: “...tenía tantas ganas de decirle varias cosas y ahora frente a usted, no recuerdo ninguna, estoy muy emocionado”. Esto les pasa a los fans de muchos artistas o figuras públicas. Existen varios ejemplos donde ante el poder de la presencia, algunas se han desmayado literalmente de la emoción.
Hasta hace años, cuando iba a alguna reunión, muchas veces me preguntaba qué iría a decir, de qué hablaría y a momentos me causaba cierta ansiedad. Hoy sé que no hay que decir nada si no se requiere. Hoy sé que basta con el poder de la presencia para que todos disfrutemos. La presencia total, la presencia auténtica, la presencia en cuerpo, mente y espíritu. A ese tipo de presencia me refiero. Al ser y estar al mismo tiempo. Y hoy te digo: este poder de la presencia tú lo tienes. Sólo necesitas decidir ejercerlo en beneficio de los demás. Por favor créeme en algo: Tienes un poder del que muy posiblemente no te has dado cuenta. El poder de ser y estar con alguien en determinado momento. El poder de tu presencia. ¡Úsalo! En cuanto te sea posible y si tu corazón lo juzga adecuado, ve y está con esa persona que quieres. Tan solo ve y está ahí. No es necesario hacerlo diario, solo es necesario hacerlo. No es necesario llevar un tema preparado, un banco de preguntas o algún interés en particular. Solo ve, sé y está. El placer de estar juntos hará que la comida sepa más rico. La dicha de compartir un mismo espacio hará qué este sea mágico. La bondad de guardar silencio “juntos” hará que escuchen maravillas y valoren más su comunicación. Visitar a un enfermo ayuda a su recuperación, tan solo por tu amorosa presencia. Estar con alguien y tocarse los elevará a los cielos. Un beso, ¡uf!, no te quiero contar; un beso consciente de darlo, un beso y un abrazo como privilegios exclusivos del poder de la presencia. Verse el uno al otro como parte de ese mismo privilegio. ¡Caray! Ya hasta ganas tengo de estar un rato ahí junto a ti, quien me está leyendo. ¿Te imaginas? Poder comer juntos, otro privilegio exclusivo del poder de la presencia. ¡Cómo he gozado esto en mi vida! Los humanos somos la única especie que al reunirse para comer, elegimos hacerlo cara a cara, mirándonos unos a los otros, por la magia que hay en ese ritual de alimentarnos pero disfrutándonos unos a otros mientras lo hacemos, por eso muchas veces así nos sabe mejor la comida. Los demás animales, especies inferiores al hombre, nunca necesitan reunirse para comer. Y si comen varios, no necesitan verse las caras. Tu y yo, como humanos, tenemos esa dicha de disfrutar así aún más la comida que se hace material y espiritual. Por eso es tan hermoso comer juntos.
Siempre me ha impresionado la sincronía de la vida. No puedo dejar de admirarme del cómo se suceden las cosas. Iba a la mitad de esta columna cuando sonó mi teléfono celular. Era otra amiga a la que quiero entrañablemente, Rosario. Me dijo: “Alex, te necesito. ¿Dónde estás? Porque siempre le atino cuando estas de viaje. De todo el tiempo que me conoces, nunca había estado como me siento hoy. ¿Puedes venir? Necesito de tu presencia”. ¡Y yo mientras me encontraba escribiendo esto! Por supuesto que le dije que sí. Respondí: “Rosario de mi alma, sí, por suerte hoy en estoy en México y te propongo que te vea al rato en tu casa. Voy para allá con mucho gusto”. Colgó entusiasmada y yo feliz por ratificar mi misión de vida. Ahora dejaré de escribir porque necesito arreglarme para ir con ella y generar el amoroso poder de la presencia. Mientras tanto, te recomiendo con toda amabilidad que Nueva Conciencia me permita... ya deja de leer esto y ve con alguien a compartir el poder de tu presencia. Deja esta columna de lado que al fin el mensaje ya llegó a tu interior y ve a abrazar a alguien, dale un beso a quien quieras, estrecha la mano de esa persona importante para ti, o cuando menos, ve a estar un rato con alguien. Es más, si después de haberme leído se te antoja tomar el teléfono e invitar a alguien a comer o a cenar, ¡lo festejo contigo! ¡Ve! ¡Ya! El poder de la presencia es una de las más motivantes experiencias para vivir una gran...
¡Emoción por Existir!
Alejandro Ariza.
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